Numerosas leyendas populares, les ha creado una mala reputación totalmente infundada. Pero a pesar de su “aspecto terrible”, con sus fauces amenazadoramente abiertas, sus dientes puntiagudos y sus ojillos fijos, son animales retraídos que sólo atacan cuando se sienten verdaderamente amenazados.
Durante el día son generalmente poco activas y permanecen cómodamente instaladas sobre los soportes sólidos que constituyen las murallas de su hábitat, en este caso ocupado por un buen número de ellas de diferentes especies. Además comparten su guarida con limpiadores privados en una relación de mutualismo que favorece a ambos. La mayor parte de estos “inquilinos clandestinos”, son pequeños peces y crustáceos que se alimentan de los parásitos, piel muerta y restos de comida de su progenitor, sin ser devorados por ellas.
Escrito por Aurelia Artolachipi
Foto: Manuel Campillo
Diciembre +info