A pesar de su fiero aspecto y sus amenazadora dentadura, el tiburón limón, Negaprion brevirostris, se alimenta sólo de crustáceos, moluscos y peces, aunque está claro que hay algunos peces que no solo no le temen, sino que se aprovechan de él. Las rémoras, Echeneis naucrates, que tienen modificada su primera aleta dorsal, convertida en una perfecta ventosa que le permite adherirse a la piel de los tiburones, tortugas y mantas.
Pegados a su anfitrión se sienten protegidos ahorran gran cantidad de energía al no tener que nadar. Y además se alimentan de los parásitos del tiburón cuando son jóvenes y de los restos de comida que este ingiere cuando son adultos, aunque a veces lo abandonan a ratos pero volviendo siempre al refugio seguro y al transporte gratuito que “su autobús” les proporciona.
Escrito por Aurelia Artolachipi
Foto: Manuel Campillo
Diciembre +info